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El Mundial de Futbol 2026 se disputó también en los mass media 1 de agosto de 2026 - El goal fue la imposición de una narrativa El Mundial de Fútbol 2026 ha confirmado que no solo en la cancha se juega el torneo. También los mass media y las redes digitales -al final de cuentas en posesión y dirección de grandes poderes económicos- se miden cada cuatro años en el terreno de la comunicación colectiva, cada vez más refinados en práctica, estrategia y goals. En el centro de la polémica se colocó por segunda vez consecutiva la selección de futbol de Argentina y los favores de arbitraje que le prestó la Federación Internacional de Futbol Asociación, la FIFA. Todo el mundo pudo ver las decisiones sesgadas de los árbitros y la tolerancia al juego abusivo y las trampitas de los futbolistas argentinos, incluyendo acciones en la etapa de grupos del prominente delantero que ha sido Lionel Messi y las ayudas de los silbantes para que la selección de Argentina superara a Argelia, Cabo Verde, Egipto y Suiza, en la ruta hacia la final. Llama la atención que si la querella pública inicial fue contra el auxilio prestado a Argentina, mediante una maniobra en el manejo del discurso y la narrativa mediática, digna de un estudio científico de comunicación de masas, el debate fue después canalizado hacia la denuncia de una presunta campaña antiargentina. De las discusiones en las redes digitales salió fuego. Los cruces contra Argentina y la FIFA trascendieron a debates, insultos y acusaciones que hicieron evidentes añejas rencillas entre los países, por razones futbolísticas, pero también políticas. Ya en el Mundial de Qatar la conversación de los aficionados urbi et orbi había sido el acomodo de los rivales y las decisiones arbitrales para beneficio de los albicelestes. En este campeonato disputado en América del Norte del 11 de junio al 19 de julio de 2026, las redes digitales escalaron su protagonismo mediático, sirviendo de escenario para los choques entre los simpatizantes de unos y otros equipos y de las estrellas mediáticas. Por lo visto, para ser un destacado jugador de futbol no basta ser un deportista de alto rendimiento. Implica hoy en día contar con un promotor comercial -alguien que negocie y pacte con las empresas futbolísticas los contratos laborales de los jugadores-, un asesor de comunicación colectiva y medios, un asesor financiero y un terapeuta de salud mental, que le permita a un adolescente o veinteañero afrontar la tensión de la vida pública de masas. Y todo, bajo el supuesto de que este deporte es también un espectáculo, una industria lucrativa donde el componente mediático sirve de escaparate para narrar la historia del jugador, que es a la vez mercancía, objeto de intercambio, que requiere de un aparato de mercadeo, el llamado marketing. En el partido contra Argelia en la fase de grupos, millones de televidentes vieron la primera omisión del arbitraje respecto a Argentina. Los norafricanos no estaban siendo un rival fácil y había que aplicar las tácticas “cancheras”, los golpecitos, los avisos de sobrefuerza en este deporte “de contacto”. Fue el propio Lionel Messi el encargado de dar el primer aviso violento con un golpe certero en la pierna del defensor Aissa Mandi, una “plancha”, en la jerga futbolística, con los tacos del zapato. Ni tarjeta de amonestación con tarjeta amarilla ni mucho menos tarjeta roja o revisión en el sistema de asistencia arbitral por videograbación, el VAR. Más tarde, en una típica acción disfrazada, Alexis McCallister le dio un codazo en la cara a otro defensor argelino, que ameritaba tarjeta roja directa, por flagrante agresión física, pero la indiferencia del referee fue total. Al final del encuentro, la noticia en los medios fue el triplete conseguido por Messi. Pero en las redes comenzó la sospecha. En los octavos de final, el aguerrido equipo de Cabo Verde, en su primer Mundial, puso de rodillas a los argentinos. Otra vez forzado a responder con mañas “cancheras”, Messi dio un pisotón para contener a un enjundioso caboverdiano; el silbante concedió la falta, sí, pero en favor de Argentina, desatando la protesta del rival, siempre ignorada. En los tiempos extra, otra dura entrada contra un jugador de Cabo Verde fue omitida y en la misma jugada, después del derribo violento de un defensa sin pelota, que ameritaba sanción contra Argentina; de esa manera se abrió el espacio para que un atacante albiceleste pudiera tirar libremente a gol, en el último minuto de la prórroga. El VAR no fue requerido y el partido que iba ya a la definición en penales, resultó en favor de los sudamericanos. De la sospecha por los favores a Argentina, los cronistas de televisión, los aficionados en las redes digitales, los youtubers y la prensa tradicional pasaron a hablar francamente de una sistemática ayuda de los colegiados a la albiceleste. A Egipto, en los cuartos de final, le anularon una de las mejores anotaciones del torneo, mediante una decisión -cínica y sin inhibiciones- claramente orientada a impulsar al equipo argentino. En un contragolpe, en virtuosa asociación condujeron el balón hasta la meta contraria y lo embucharon ante el desconcierto total de los argentinos que de esa forma acumulaban dos goles en contra. Vino entonces lo insólito, nunca visto en un Mundial: el VAR interviene para decretar una dudosa falta contra un delantero argentino en cancha egipcia, en una jugada ocurrida a 90 metros de distancia, un minuto antes. En el resto del partido se sumaron los favores a los argentinos, hasta que el partido termino apresuradamente en el tiempo reglamentario, cuando los argentinos pudieron cerrar el juego 3-2 a su favor. Los aficionados argentinos, razonablemente entusiastas con su combinado nacional, se vieron de pronto enfrentados con gente de otros países, indignados por lo que se había podido ver en los monitores de televisión. Por lo que toca a los mexicanos, el intercambio de insultos no se hizo esperar. El ambiente se degradó cuando un periodista argentino llamado X Feinman lanzó una especie a través de Radio Mitre, desde Buenos Aires, afirmando que el equipo de Ecuador, que jugó los cuartos de final contra México en el Estadio Azteca, había sido amenazado por presuntos narcotraficantes mexicanos para que se dejaran ganar. Feinman, que es conocido en su país con el apodo de Fakeman, apareció a cuadro leyendo un texto escrito en un papel, sin mayor sustento que su propia palabra. Su principal logro con la difusión de esa información falsa, sin fuentes, fue el haber confirmado que el Mundial de Futbol también se juega en los medios, que hay quienes difunden mensajes diseñados y divulgados con el fin de enrarecer el ambiente público. El mensaje no tuvo ningún sustento ni redujo el ánimo de los futbolistas ecuatorianos. La FIFA misma sumó deméritos cuando su presidente, el italiano Gianni Infantino, cedió ante un pedido hecho por el presidente Ronald Trump para que le perdonara a un delantero un partido de castigo en los octavos de final. El tema de la corrupción llegó entonces a las portadas de diarios europeos como The Guardian y Le Monde, mientras la prensa tradicional en Argentina lo mantenía opaco, fuera de las primeras planas, y en portales de noticias en internet y en las redes digitales proliferaba, abrumadoramente, la imagen de un Messi goleador que no termina de celebrar sus anotaciones. Era más que el algoritmo, una imposición pagada por alguien. Al llegar la final del campeonato, Argentina se enfrentó a España en un partido donde los peninsulares hicieron gala de juego limpio, estrategia, técnica y energía. La desesperación de los argentinos fue evidente en el segundo tiempo, cuando comenzaron a repartir golpes, en un intento por amedrentar a “la Roja”. Al finalizar los 90 minutos reglamentarios, los albicelestes no habían logrado hacer un solo disparo al marco contrario. En el alargue del juego, España anotó el 1-0 definitivo, transformando la impotencia de los argentinos en violencia. Lo peor vino después. Durante la ceremonia de premiación, todo mundo pudo ver en las pantallas que los argentinos dieron la espalda a los campeones en el momento en que la Roja levantó la copa, lo que acrecentó las críticas en su contra por actitudes antideportivas, que ya antes habían distinguido a pasadas selecciones de su país. El drama de los argentinos fue llevado el 22 de julio a la portada del diario El Clarín, bandera de un conglomerado mediático local, titulando: “La polémica por la final ante España desbordó el fútbol y se metió en la política”. La crónica dio la versión de un presunto cambio en la actitud del mundo frente a Argentina, de uno que en el Mundial de 2022 en Qatar quería que Argentina ganara el torneo, a otro momento en el que todo el mundo expresa “odio” a este país. La conclusión de la periodista encargada de redactar esas líneas: “la caída de los grandes es la felicidad del mediocre”. En ese contexto, el presidente Javier Milei afirma ante la prensa tener conocimiento de una “campaña antiargentina” patrocinada desde México, Brasil y el Partido Demócrata de los Estados Unidos, recurriendo a la técnica propagandística de quienes no están en favor de uno, están en contra. En reacción a ello, el mandatario emitió un “Decreto de Necesidad y Urgencia”, prescindiendo de la aprobación del Poder Legislativo, para incorporar como causal de prohibición de ingreso a Argentina y de expulsión del territorio nacional a todo extranjero que dirigiere o incitare mensajes de odio, discriminación y/o violencia contra el pueblo argentino o sus ciudadanos por razón de su nacionalidad, así como el ultraje a los símbolos patrios. Dejando de lado el cuestionamiento interno por un supuesto planteamiento inconstitucional en la medida, la medida del gobernante parece más una acción política que legal, pero sobre todo, una manera de abonar a un discurso y una narrativa que, pese al gran esfuerzo de Milei, siempre podrá ser contratada con los hechos. (Painani)
Trump busca contener filtraciones, cuestionando a reporteros 24 de julio de 2026 El pleito con la prensa que el gobierno del presidente Donald Trump inició desde sus años de aspirante a la Presidencia, la década pasada, se libra ahora en cualquier frente posible y parece interminable. El más reciente caso judicial emprendido contra un medio de información estadounidense, surgido en los primeros días de julio de 2026, apunta ahora a reafirmar la búsqueda y castigo de funcionarios públicos federales que filtran información confidencial del gobierno a periodistas, especialmente la relacionada con temas de seguridad nacional. El viernes 11 de julio, el Departamento de Justicia citó a declarar ante un tribunal mayor o grand jury a cuatro reporteros que escribieron en una nota de investigación que el avión presidencial obsequiado por el gobierno de Qatar a la Presidencia de los Estados Unidos carece de algunos elementos de seguridad, entre ellos un sistema para repeler misiles. El reporte fue publicado el 8 y 9 de julio y los reporteros involucrados en la investigación son Julian E. Barnes, Eric Lipton, Tyler Pager y Eric Schmitt. El 21 de julio, el Times informó que la autoridad federal solicitó datos sobre las comunicaciones telefónicas de los periodistas desde enero de 2026, así como información de llamadas de miembros de sus respectivas familias. Distintas administraciones estadounidenses han solicitado a reporteros revelar sus fuentes confidenciales en temas de seguridad nacional, pero nunca antes se había dado el caso de que los reporteros fueron convocados ante un grand jury, según un reporte de la Associated Press. Esta agencia de noticias estadounidense, tanto como el Times, interpretan que las acciones judiciales contra los medios pretenden intimidar a los periodistas que investigan sobre temas incómodos para Trump y su gobierno. Sin embargo, en una declaración formal sobre el caso, divulgada el 11 de julio, el Departamento de Justicia afirmó que “para ser claros, los reporteros no son el blanco (de la investigación); aquellos que filtraron información clasificada sí lo son”. En su statement, agregó: valoramos y apreciamos el importante papel que la prensa juega en este país, pero el Departamento de Justicia también desempeña un rol importante para hacer que la gente a la que se le confían los secretos de nuestra nación haga lo que se supone debe hacer (…), lo que significa no compartir información clasificada. “No vamos a ignorar la ley y detener investigaciones sobre la gente que trabaja en la administración y piensa que está bien filtrar información clasificada, impactando en la seguridad nacional”. El Departamento de Justicia anunció el 23 de julio el retiro del emplazamiento judicial a los reporteros del Times. También The Washington Post y The Wall Street Journal fueron llamados a tribunales este año. (Painani)
Asesinan a periodista oaxaqueño 22 de julio de 2026 El periodista oaxaqueño Francisco Alejandro Leyva Aguilar, de 58 años, fue asesinado la mañana del 22 de julio de 2026 en San Pablo Etla, una localidad periférica de la ciudad de Oaxaca, donde residía. Leyva Aguilar fue director de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión en la administración de Alejandro Murat Hinojosa (2016-2022), quien llegó a la gubernatura con el apoyo del Partido Revolucionario Institucional, al que dejó posteriormente para sumarse al gobernante Movimiento de Regeneración Nacional. Tiempo después de ocupar aquel cargo, Leyva Aguilar volvió a escribir una columna política llamada El Zumbido del Moscardón, que comenzó a publicar años atrás en medios de Oaxaca. La alusión al insecto puede estar relacionada con una metáfora sugerida por el escritor Gabriel García Márquez (1927-2014), quien comparaba a las prácticas del periodismo con el sonido que hace presente al díptero en todo momento. El noviembre de 2025, el periodista reportó en su columna que cinco años después de haber dejado la dirección del ente público radio-televisivo de Oaxaca, el 31 de marzo de 2020, fue acusado por la estatal Auditoría Superior de Fiscalización de “perjuicio a la administración pública”, cometido en el ejercicio fiscal de 2019. Leyva Aguilar comentó al respecto que la denuncia no fue por “daño patrimonial o desvío de recursos públicos, simplemente porque yo no soy un ladrón”. La Fiscalía General del Estado informó que el homicidio fue cometido por dos sujetos que llegaron alrededor de las 10:50 de la mañana hasta un puesto callejero de comida donde se encontraba el periodista. Ninguna persona fue detenida por presunta responsabilidad en el hecho, en las siguientes horas. Tampoco se dio a conocer una probable línea de investigación de las causas del crimen. (Painani)
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El escritor Enrique Serna descifra en una de sus más notables novelas la corrupción de la prensa y su articulación con el sistema político mexicano del siglo XX.
La historia está narrada a través de la vida de un reportero que realmente existió.
Manuel Rivera Saldaña
Primero la muerte del cuerpo antes que la tortura del ego
¿Dónde cohabitan la diversión y la muerte? ¿El gozo puede matar?
¿Es posible cometer el crimen perfecto e involuntario ante la vista
de muchos?
Posiblemente tengo respuestas para todas esas interrogantes, aunque
no a las que pretenden indagar quién soy o fui.

